No es una convicción,
es apenas un aroma
que dormita en el aire calmo
-adensadado con pulcritud académica-
sobre mí y colindantes.
Estas puertas férreas
con bisagras forjadas
y con textos grabados en inglés
acaban por desconcertarme.
Tendré que ascender para escapar
en forma de ceniza,
en forma de recuerdo
de lo que será un ser degenerado
-también-
hacia el carbono.
Me pierdo entre tanto espanto:
debí nacer persona en vez de lobo,
quizá eso explique
que los visitantes que vienen a mi espacio
-negros blancos, rubios, castaños, morenos, con turbante-
carguen con cámaras de fotos
y expliquen los que vienen murmurando:
Expectación en este largo tiempo
para sajar el papel con precisión y cinismo:
era otra la nostalgia y otras las manos.
Era otro el olor de los días.
No importa que no podamos ni evocarlo,
no importa no saberlo vivido,
no importa ni porta a otro sitio:
es el estanque de ahora
con todas sus luces
y algunos reflejos
Construir de un bulbo una persona.
De un labio hacer un palabra.
De un beso aspersionar amantes.
De una guerra guardar una trinchera.
De un muñón guardarse doce dedos.
De guadañas rebotar un eucaliptus
emparentados con los ficus más elásticos.
Puedo buscarte debajo de las piedras como si no existiera el hielo
o la introspección no fuera temeraria:
quizás no pueda sin deseo
¿es que el cariño me incita a desearte?
Tierno es mi deseo, pero luego se amotina
y se esparce hasta hinchar mi polla hasta que duele.
¿Será injusta la erección
o será sólo un sacrilegio?
Saber de ti-no
-incluso de puntería-
o de otra gilipollez indiferente
que afrente al lamento de tanta medianía
-de tanta tú sin estar yo presente-
no escribe del no-tú la puta-historia
y deja a la melancolía
sin bragas y sin jardín.
Menos mal que tengo este blog para decir lo que me sale de los huevos,
o de la punta de la polla, para ser inexactos,
porque la punta de la polla suele decir bien poco:
es el camino inexcusable de la más triste paja.
Pero, esto que debiera dolerme
-si tuviera conciencia
y este blog no tuviere-
me resulta en extremo lubrificante:
bueno, en otro blog, publiqué lo que pienso.
Redoblados y etílicos esfuerzos me permiten seguir emborronando hojas con esta tinta tan fluida que se corre parrandas fácilmente buscando algún sentido al desaliento. Y en el extremo de la barra, acodada torpemente, me miras y sonríes porque ves mi cara de payaso: falta profundidad en tu mirada.