Ya lo decía Ángel Gonzalez
desde ahora no me anonimo más por nada.
Pensé. Estaba equivocado.
Una tarde solitaria de hace años, como muchas otras, decidí ir al cine a ver el estreno de Riff-Raff de Ken Loach. El protagonista se enamora perdidamente de una mujer sin saber que es una yonqui y él tiene un odio visceral a los yonquis. Cuando se da cuenta de la dependencia de su amada le espeta algo parecido a esto “Podías haber muerto o podías ser yonqui. Mala suerte” y la abandona sin más contemplaciones, dando la historia por zanjada. Esta actitud me dejó helado y me pregunté si yo sería capaz de dar por zanjado un amor profundo por algún motivo como ése. Me contesté que no. Y nunca he podido.